En nuestro próximo encuentro comenzásemos a conocer y diferenciar entre las enseñanzas y acciones de Nuestro Señor Jesucristo y haciendo lectio Divina; diferenciaremos los milagros de las curaciones y las enseñanzas por medio de las parábolas.
Del numero 8 de los 25, puntos del manuscrito Voltus Misericordiae de SS Francisco.
Lema del año Jubilar.
A causa de este amorcompasivo curó los enfermos que le presentaban (cfr Mt 14,14) y con pocos
panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres (cfr Mt 15,37). Lo
que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la
cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más
reales. Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba su único hijo al sepulcro,
sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le
devolvió a su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc 7,15). Después de haber
liberado el endemoniado de Gerasa, le confía esta misión: « Anuncia todo lo que
el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo » (Mc 5,19).
También la vocación de Mateo se coloca en el horizonte de la misericordia.
Pasando delante del banco de los impuestos, los ojos de Jesús se posan sobre
los de Mateo. Era una mirada cargada de misericordia que perdonaba los
pecados de aquel hombre y, venciendo la resistencia de los otros discípulos, lo
escoge a él, el pecador y publicano, para que sea uno de los Doce. San Beda el
Venerable, comentando esta escena del Evangelio, escribió que Jesús miró a
Mateo con amor misericordioso y lo eligió: miserando atque eligendo.[7]
Siempre me ha cautivado esta expresión, tanto que quise hacerla mi propio
lema.
panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres (cfr Mt 15,37). Lo
que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la
cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más
reales. Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba su único hijo al sepulcro,
sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le
devolvió a su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc 7,15). Después de haber
liberado el endemoniado de Gerasa, le confía esta misión: « Anuncia todo lo que
el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo » (Mc 5,19).
También la vocación de Mateo se coloca en el horizonte de la misericordia.
Pasando delante del banco de los impuestos, los ojos de Jesús se posan sobre
los de Mateo. Era una mirada cargada de misericordia que perdonaba los
pecados de aquel hombre y, venciendo la resistencia de los otros discípulos, lo
escoge a él, el pecador y publicano, para que sea uno de los Doce. San Beda el
Venerable, comentando esta escena del Evangelio, escribió que Jesús miró a
Mateo con amor misericordioso y lo eligió: miserando atque eligendo.[7]
Siempre me ha cautivado esta expresión, tanto que quise hacerla mi propio
lema.